Que el maquillaje no apague tu risa, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas, que el diccionario detenga las balas, Que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de bodas, que no se ponga la luna de miel. Que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel.
jueves, 9 de julio de 2009
Los que se adscriben a la teoría del “arte” entienden que escriben sólo para crear belleza y provocar un placer estético en los demás.
Pero, no importa en que posición ideológica se hallen ubicados, todos, absolutamente todos, coinciden en un aspecto: escriben por compulsión, escriben porque están obligados a hacerlo, porque no pueden evitarlo, porque una fuerza irresistible sobre la que no tienen ningún control los impulsa a arrojar sobre un papel en blanco ideas que lo angustian y torturan y de las que debe desprenderse a toda costa. El escritor escribe, pues porque tiene que liberarse de sus propios fantasmas.
Y esto nos lleva a un terreno particularmente movedizo y es de cuestionarnos si el escritor es libre o no de escoger sus temas, planear sus narraciones y desarrollar su obra creativa con absoluto control de todos sus pormenores. Yo personalmente, no lo creo. De igual modo que el escritor no elige su vocación sino que ésta se le impone, tampoco es el amo y señor absoluto de lo que crea, sino que de algún modo su obra también se le impone. Vargas Llosa, el famoso escritor peruano contemporáneo, dijo una vez” “Yo no escojo mis temas, éstos me escogen a mí”, expresando gráficamente esa misma idea.
Los antiguos hablaban de “la inspiración” para explicarse este fenómeno mediante el cual las creaciones de los poetas y escritores parecían tener un origen misterioso ajeno a la voluntad de sus autores. Hoy en día, con los avances de las ciencias psicológicas, apelamos a la teoría freudiana del subconsciente para tratar de comprender esa enigmática situación del escritor, que a veces escribe lo que no ha deseado conscientemente escribir, o no lo ha hecho en la forma que había escogido volitivamente para hacerlo.
Ahora llega el momento de formularnos la segunda pregunta: ¿Cómo se escribe? Es decir ¿qué requisitos debe llenar lo que se escribe para que el propósito de comunicación que persigue el escritor se alcance en la forma más efectiva posible? Tratemos de encontrar una respuesta a esa pregunta.
Antiguamente el escritor de obras narrativas intervenía constantemente en el curso de sus relatos explicándole al lector la razón de los actos que realizaban sus personajes, describiendo el carácter de sus héroes y heroínas y regodeándose en largas descripciones de los lugares donde ocurrían los hechos que relataba.
La moderna literaria ha sobrepasado esa etapa porque la obra literaria del presente es una labor de doble vía que demanda la participación activa del lector. Al escritor de hoy no le está permitido llevar como antes de la mano a su lector. Por el contrario, debe limitarse a poner a actuar los personajes de sus historias, dejar que ellos obren por sí mismos y todo lo que el escritor quiera expresar debe hacerlo por conducto de ellos, a través de lo que ellos hagan, digan o piensen. Esta norma hace tal vez más difícil la tarea del escritor, pero sin duda hace más interesante la del lector.
Y ahora a la tercera y última pregunta: “¿Para qué escribe el escritor?”. Gabriel García Márquez, el más popular escritor contemporáneo de la lengua castellana, cuestionado por una periodista hace algunos años, respondió así a esa pregunta: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Yo creo que en esa frase, aparentemente risueña y superficial, está concentrada la respuesta profunda y fundamental de la pregunta.
En efecto, todo creador literario posee una cualidad que le es indispensable y sin la cual su vocación no podría existir. Esa condición es la sensibilidad. Es decir, la propensión a sentir vivamente, profundamente, los estímulos exteriores; la capacidad de sentir —como si lo padeciese en carne propia— el dolor que sufren los demás; la necesidad de rebelarse contra la injusticia aunque uno no sea su víctima directa. Dije una vez y quiero repetirlo ahora, que esa actitud ante la vida no es otra cosa que el reflejo de un amor muy alto, muy extraordinario, muy privilegiado de amar y el escritor, cuando difunde su obra, busca secretamente que ese amor que siente por los demás le sea correspondido.
Dentro de las limitaciones impuestas por el tiempo y por la modesta capacidad de quien les habla, hemos hecho un esfuerzo para dar nuestra respuesta a las tres preguntas básicas que nos formulamos. Ojalá hayamos aportado algo para el conocimiento de ustedes sobre las motivaciones intimas de ese extraño sector de la raza humana que, como escritor, ejerce una vocación que no ha escogido, la desarrolla sin estar muy seguro de lo que hace y que, como si esto fuera poco, no proporciona los medios económicos para vivir de ella.
miércoles, 8 de julio de 2009

LA SOLEDAD EN EL SIGLO XXI
Las grandes ciudades están llenas de solitarios. Crece el número de viviendas ocupadas por una sola persona y el trato físico se sustituye por las relaciones a distancia, por Internet. Es una epidemia que va en aumento.
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La soledad de las grandes ciudades, el hiperindividualismo, la muchedumbre solitaria, las mónadas sociales, fueron temas relevantes en la segunda mitad del siglo XX, pero apenas se habla ya de ello. Los individuos no se han entrañado ni abrazado más entre sí, pero electrónicamente se han comunicado de tal modo que el fenómeno de la interconexión parece haber acallado las inquietudes o las voces del aislamiento.
Se trata, sin embargo, de dos realidades paralelas. Mientras la relación en el cuerpo a cuerpo sigue debilitándose, la relación a distancia, máscara a máscara, aumenta y prolifera. La aventura de ser un individuo diferente o, mejor, siempre dependiente de la imagen proyectada en los demás, se ha provisto ahora de un artilugio mediante el cual la apariencia de nuestra identidad se enreda con nuestras artes de engaño. Nuestro diseño, en fin, se encuentra más en nuestras manos a través del atrezzo, el nickname, el avatar, los juegos del sexo y la edad u otros recursos para hacer personajes de la persona y versiones de lo real.
El prójimo es siempre insustituible para poder ser algo, pero la proporción que de su efectiva sustancia se necesita para esbozar nuestro perfil social puede sustituirse, en parte, por nuestra habilidad para fingir en la pantalla, travestirse en la Red y recrearse en el nuevo espacio virtual, inconcebible hasta ahora.
Indudablemente, la satisfacción no será comparable a la que proporciona un amor encarnado o una consideración tangible, pero, poco a poco, este mundo electrónico será casi todo lo que hay, y la vida en su seno decidirá una porción variable de nuestra composición general. Lo transparente procura abrigo, lo remoto segrega afectividad, lo virtual se materializa, y el sucedáneo, como en las gulas, será progresivamente el único gusto atribuible a la angula.
Incluso, con el uso y el consumo de compañías y sentimientos en la Red, lo que hoy parece sucedáneo borrará su estigma subsidiario y ascenderá de pleno derecho al mundo que alivia los surtidos de la soledad.
Las ‘webs’ sociales. Tras el boom de las compañías puntocom de hace seis años ha estallado el éxito de las empresas que gestionan los puntos de encuentro entre millones de usuarios. Al éxito de la tecnología aplicada a los negocios sucede la multiplicación de los negocios que tienen su base primordial en las personas.
El conocimiento científico, las informaciones de consumo, las opiniones políticas se cruzan en una trama que ha facilitado y estimulado la Red. Y este universo de contactos innumerables posee una importante condición inédita: conectamos con más gentes sin tener que sufrir la penalidad de su aliento. El contacto “personista” se define así por una relación entre personas distantes y distintas, pero sin su extraño o atosigante tufo.
Crece la conexión y hasta la implicación, pero no los compromisos fuertes ni los entrañamientos hondos. De la misma manera que el saber actual es más superficial que profundo, la relación con las personas a través de la Red conforma un modelo a su imagen y semejanza. Tratamos con una multiplicidad de individuos para degustarlos fragmentariamente en aquellos aspectos que nos complacen, nos divierten o nos interesan.
El mundo avanza de esta manera como en un frente de infinitas relaciones ligeras. Vivimos o navegamos, y en lugar de llegar hasta el fondo del otro sustituimos la cavidad por el surf y el corazón por el botox. La interrelación resulta así menos personalista al modo católico de Mounier y, por el contrario, cada vez más “personista”.
En Corea del Sur, las relaciones sociales y afectivas a través de los medios electrónicos superan ya en frecuencia y número a las que se mantienen cara a cara. El rostro de Corea del Sur nunca se nos reveló con nitidez en Occidente, pero ¿no irá sucediendo lo mismo con la vasta y difusa trama que domina Internet y la derivación de su influjo? ¿En qué punto, por ejemplo, se encuentra hoy aquella amistad que amortiguaba la desazón de estar solo? De un lado crecen los telecontactos, aumentan las sectas, se multiplican los clubes, las pandas y las tribus urbanas, y de otro se incrementan los hogares ocupados por una sola persona hasta alcanzar más de la tercera parte de las viviendas en las grandes capitales de Occidente. En este contradictorio contexto, ¿dónde se halla el gozne de la compañía y el apoyo contra la soledad?
La mirada del otro. Muchos nexos y pocos vínculos, mucha conversación en horizontal y escasa en vertical. No es tanto ya la desconfianza en el otro lo que reduce el peso de la amistad, sino la dificultad laboral y residencial para cultivarla y enriquecerla. Poco a poco, sin pensarlo ni ponderarlo, vamos reduciendo la compañía eficaz al recinto de la pareja y sobre ella van concentrándose tantas demandas y exigencias, tanto socorro, que acaba cediendo en sus cimientos o ardiendo por exceso de exigencia.
El otro puede ser un verdugo o un lujo, aunque siempre posee partículas de ambos y siempre parece mejor que estar solo hallarse acompañado porque de la misma manera que no hay mejor especialista en la tortura que el autorturador ni tampoco peor enemigo de la lucidez que nuestra propia ofuscación, el otro cumple como elemento necesario para despejarnos. Aquel que nos observa desde fuera, liberado de nuestra fijación, puede actuar como la llave de nuestra cura. Todo problema tiene su solución, pero a menudo no se halla en nuestro reino y alguien amado, venido desde fuera, abre el encierro. Los términos se vuelven más claros como por ensalmo y saltamos desde su precipicio a la calma gracias a la cirugía de la ajenidad.
No significa, sin embargo, que el otro represente al mágico bálsamo de fierabrás. La especie humana prefiere, en general, no convivir demasiado junta. Precisamente, lo peor de la cotidianidad de las abejas procede de su obligatoria, eterna y hacinada colaboración. Nada parecido al orden de los seres humanos, que encuentran en la soledad una ocasión de lavado y salud precisas.
No será lo mismo la soledad que la independencia, pero la soledad elegida y la independencia conquistada se acercan mucho entre sí. Complementariamente, la calidad del lazo aumenta si ambos asumen su independencia y están juntos pudiendo estar distantes después. La relación florece cuando nadie acarrea su desolación y la soledad posterior a un desacuerdo no se traduce en devaluación o suicidio.
Somos con los demás y los demás son con nosotros, pero sin apelmazamientos. El amor, la amistad, nos construyen mutuamente si los pilares no descansan desequilibradamente. La interdependencia no es, por tanto, suma de dependencias, sino juego de independencias de manera que la metáfora del panal nos endulza tanto como nos encarcela.
Somos, en suma, seres comunitarios y solitarios, ciudadanos e individuos. El inconveniente de la soledad en relación a la visión del mundo reside en que una idea o una opinión mantenida en solitario es prácticamente igual a una creencia, mientras la idea compartida se vuelve convicción y ayuda a trazar itinerarios comunes y a formar un mapa iniciático del que irá hilvanándose una más alegre concepción del mundo.
Pero no revueltos. Contra la exaltación de la compañía, sin embargo, hay que decir que la demasiada presencia del otro es opuesta al progreso. Si los medios de comunicación moderna han triunfado y se han popularizado tanto es debido a su fórmula de permitir hallarse presentes sin presentarse. La pérdida de presencialidad ha ensanchado la lucidez del intervalo en no pocas relaciones ahumadas.
El espectáculo del otro sustituye así, muchas veces en nuestros días, a la realidad efectiva. Las pantallas omnipresentes operan como un cámara de transmutación de lo real para crear el mundo de una irrealidad liviana compatible con la idea de la ausencia. De otra parte, lo específico de nuestra especie no es el contacto con los demás, sino la distancia. Son especies de contacto aquellas que se apiñan por placer y permanecen piel con piel durante horas, como el hipopótamo, el cerdo o el erizo.
Pero hay especies de “no contacto”, entre las que se encuentra el caballo, el perro, el gato, la rata y también los seres humanos. No nos aguantamos demasiado cerca. Puede ser que este rechazo no predomine siendo cachorros o siendo bebés, pero en cuanto se alcanza el estado adulto, toda confortabilidad requiere holgura. Y no ya un hueco para pensar o atacar mejor, sino como hábitat primordial de la supervivencia.
El hacinamiento nos mata, y bastaría la excesiva proximidad para enfermarnos. El individuo (indivisible) requiere para su definición una esfera en la que reine el olor y el amor propio. El abrazo amistoso, la asociación religiosa, el equipo, el vecindario, son elecciones desde la soledad primigenia en que nos fundamos y nos reconocemos. Nada que ver con el pantanoso cosmos del cerdo, la aglomeración de erizos o el apegamiento de los hipopótamos.
En el fondo, además, siempre estamos solos. Más solos que la una y a casi cualquier hora, pobres o ricos, sanos o con hernias. Proust escribía: “Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!”.
Y qué bello disfrute hallamos en esa oquedad cuando a ratos, voluptuosamente, la escogemos.

A C E R C A D E L A S O L E D A D
La timidez es una condición
ajena al corazón, una categoría,
una dimensión que desemboca
en la soledad.
Pablo Neruda
Quien no sabe poblar su soledad,
tampoco sabe estar sólo
entre una multitud atareada.
Charles Baudelaire
El que vive retirado dentro
de su inteligencia y espíritu,
vive en el paraiso.
Francis Beaumont
La soledad es el precio
de la libertad.
Carmen Díez de Ribera
La soledad es el imperio
de la conciencia.
Gustavo Adolfo Bécquer
Si eres orgulloso conviene
que ames la soledad: los
orgullosos siempre se
quedan sólos.
Amado Nervo
No hay soledad más triste
y afligida que la de un
hombre sin amigos, sin
los cuales el mundo es
desierto; el que es
incapaz de amistar,
más tiene de bestia
que de hombre.
Francis Bacon
Un hombre solo siempre
está en mala compañía.
Paul Valéry
El talento se cultiva
en la soledad; el carácter
se forma en las tempestuosas
oleadas del mundo.
Johann Wolfgang von Goethe
Ciudad grande, soledad grande.
Estrabón
No es difícil llorar en soledad,
pero es casi imposible rír solo.
Dulce María Loynaz
La soledad se admira y
desea cuando no se sufre,
pero la necesidad humana
de compartir cosas es evidente.
Carmen Martín Gaite
Todo nuestro mal proviene
de no poder estar solos.
Jean de La Bruyère
Sin un corazón lleno de amor
y sin unas manos generosas,
es imposible curar a un hombre
enfermo de soledad.
Teresa de Calcuta
No se sabe lo que es
el consuelo del corazón
sino cuando nos
quedamos solos.
Edgar Allan Poe
Jamás hallé compañero más
sociable que la soledad.
Henry D. Toureau
Cuando eres consciente de
la muerte, acabas asumiendo
tu propia soledad.
Rosa Regás
Sólo en soledad se siente
la sed de verdad.
María Zambrano
Quizá la mayor equivocación
acerca de la soledad es que
cada cual va por el mundo
creyendo ser el único que
la padece.
Jeanne Marie Laskas
Los recuerdos no pueblan
nuestra soledad, como suele
decirse; antes al contrario, la
hacen más profunda.
Gustave Flauvert
No hay mayor pobreza que la soledad.
Madre Teresa de Calcuta
sábado, 2 de mayo de 2009
El poder de la palabra hablada
Cada día afirma lo que deseas en la vida. Dilo
como si ya lo tuvieras.
La ley de la mente
Existe la ley de la gravedad, así como varias otras leyes físicas cuyo funcionamiento no comprendo.
Hay leyes espirituales, como la de causa y efecto: «Lo que das se te devuelve». También hay una ley
de la mente. No sé cómo funciona, del mismo modo que tampoco sé cómo funciona la electricidad.
Sólo sé que cuando acciono el interruptor se enciende la luz.
Yo creo que cuando tenemos una idea o cuando pronunciamos una palabra o una frase, de alguna
manera salen de nosotros convertidas en una ley de la mente y nos vienen de vuelta convertidas en
experiencias.
Ahora estamos comenzando a aprender la correlación entre lo mental y lo físico. Estamos
comenzando a entender cómo funciona la mente y que nuestros pensamientos son creativos. Los
pensamientos pasan con mucha rapidez por nuestra mente, por lo cual es sumamente difícil darles
forma. La boca, por su parte, es mas lenta. De modo que si empezamos a dirigir nuestra forma de
hablar, escuchando lo que decimos y no dejando que salgan de nuestra boca palabras negativas,
podremos ir dando otra forma a nuestros pensamientos.
La palabra hablada tiene un poder enorme, y muchos de nosotros no nos damos realmente cuenta
de su importancia. Consideremos las palabras como los cimientos de lo que creamos continuamente
en nuestra vida. Todo el tiempo estamos utilizando palabras; sin embargo, a veces no pasan de ser
un balbuceo, porque en realidad no pensamos lo que decimos ni cómo lo decimos. Prestamos muy
poca atención a la elección de nuestras palabras. De hecho, la mayoría de nosotros suele hablar en
términos negativos.
Cuando éramos pequeños se nos enseñó gramática. Nos enseñaron a seleccionar las palabras
según las reglas gramaticales. Sin embargo, yo he comprobado que éstas cambian constantemente,
y que lo que era impropio en una época es correcto en otra, y viceversa. Palabras que antes se
consideraban vulgares e inaceptables actualmente son de uso común. Pero la gramática no toma en
cuenta el significado de las palabras ni la forma en que influyen en nuestra vida.
En la escuela a mí no se me enseñó que mi elección de palabras tuviera algo que ver con lo que
iba a experimentar en mi vida. Nadie me enseñó que mis pensamientos eran creativos, ni que podían
literalmente conformar mi vida. Nadie me dijo que lo que yo daba en forma de palabras volvería a mí
en forma de experiencias. El objetivo de la regla de oro es enseñarnos una ley de vida muy
elemental: «Haz a los demás lo que deseas que te hagan a ti». Lo que damos se nos devuelve. Esto
nunca tuvo por finalidad hacernos sentir culpables. Nadie jamás me dijo que yo era digna de amor o
que merecía el bien. Y nadie me enseñó que la vida estaba ahí para apoyarme.
Recuerdo que cuando era niña mis compañeros y yo solíamos insultarnos y decirnos cosas muy
crueles e hirientes, y nos tratábamos mutuamente con desdén. ¿Pero por qué hacíamos eso?
¿Dónde habíamos aprendido ese comportamiento? Veamos lo que se nos enseñaba. A muchos de
nosotros nuestros padres nos repetían una y otra vez que éramos estúpidos, bobos, perezosos e
inútiles. Éramos una molestia y no valíamos lo suficiente. Más de algún pequeño escuchó a sus
padres lamentarse y decir que ojalá no hubiera nacido. Tal vez nos encogimos asustados al escuchar
esas palabras, pero no comprendimos lo profundamente clavados que quedarían el dolor y la herida.
Cómo cambiar el diálogo interno
Demasiado a menudo aceptamos los primeros mensajes que recibimos de nuestros padres.
Escuchamos cómo nos decían «Cómete las espinacas», «Limpia tu cuarto» o «Haz tu cama», e
interpretamos que debíamos hacerlo para que nos amaran. Entendimos que sólo éramos aceptables
si hacíamos ciertas cosas–, que la aceptación y el amor eran condicionales. Sin embargo, se trataba
del concepto de otra persona sobre lo que era digno, y no tenía nada que ver con nuestro propio y
profundo valor personal. Nos quedó la idea de que sólo podíamos existir si hacíamos esas cosas para
agradar a los demás; de otra forma no teníamos ni siquiera el permiso para existir.
Estos primeros mensajes contribuyen a configurar lo que yo llamo diálogo interno, es decir, la
forma en que nos hablamos a nosotros mismos. El diálogo interno es muy importante, porque
constituye la base de nuestras palabras habladas, crea el ambiente mental según el cual vamos a
actuar y determina la clase de experiencias que atraeremos. Si nos despreciamos o subvaloramos, la
vida va a significar muy poco para nosotros. En cambio, si nos amamos y valoramos, entonces la vida
puede ser un don precioso, un maravilloso regalo.
Si somos desdichados o nos sentimos frustrados o insatisfechos, es muy fácil echar la culpa a
nuestros padres o a los demás. Sin embargo, cuando lo hacemos, nos quedamos atascados en esa
situación, en nuestros problemas o frustraciones. Las palabras de culpa no nos proporcionan libertad.
Recuérdalo, hay poder en nuestras palabras. Lo repito, nuestro poder proviene de hacernos
responsables de nuestra vida. Ya sé que eso de ser responsable de nuestra propia vida suena un
poco intimidante, pero es que en realidad lo somos, tanto si lo aceptamos como si no. Y para ser ver-
daderamente responsables de nuestra vida, tenemos que hacernos responsables de nuestra boca.
Las palabras y frases que decimos son una prolongación de nuestros pensamientos.
Empieza a prestar atención a lo que dices. Si pronuncias palabras negativas o limitadoras, cámbialas.
Cuando escucho alguna historia o anécdota negativa, no voy por ahí contándosela a todo el mundo.
Creo que ya ha ido demasiado lejos y dejo que se vaya. En cambio, si escucho una historia positiva
se la cuento a todo el mundo.
Cuando estés con otras personas, presta atención a lo que dicen y a cómo lo dicen. Trata de
relacionar lo que dicen con lo que están experimentando en su vida. Muchísima gente vive a base de
«debería». Cuando escucho la palabra «debería», es como si sonara una campanilla en mi oído. Hay
personas a las que se la he escuchado decir, y con frecuencia, hasta más de diez veces en un solo
párrafo. Estas mismas personas no se explican por qué su vida es tan rígida ni por qué no logran
cambiar su situación. Desean controlar cosas que no pueden controlar. Entonces, o bien se culpan a
sí mismas o culpan a otra persona. Y después se preguntan por qué no llevan una vida de libertad.
También podemos eliminar la expresión «tengo que» de nuestro vocabulario y de nuestro
pensamiento. Cuando lo hagamos, liberaremos todas las presiones que nos autoimponemos. Nos
creamos enormes presiones cuando decimos: «Tengo que ir a trabajar. Tengo que hacer esto. Tengo
que... Tengo que...». En su lugar comencemos a decir: «Elijo...». «Elijo ir al trabajo porque me da
dinero para pagar el alquiler». «Elijo» da una perspectiva totalmente diferente a nuestra vida. Todo lo
que hacemos es por elección, incluso aunque no lo parezca.
Muchas personas usamos también la palabra «pero». Hacemos una afirmación y luego añadimos
«pero», lo cual nos orienta en dos direcciones diferentes. Nos enviamos mensajes contradictorios. La
próxima vez que hables presta atención al uso que haces de la palabra «pero».
Otra expresión a la que tenemos que prestar atención es «no olvides». Estamos habituados a
decir: «No olvides esto o aquello». Y, ¿qué pasa? Que lo olvidamos. Lo que de verdad necesitamos
es recordar, no olvidar, de modo que podemos comenzar a emplear la expresión «por favor,
recuerda» en lugar de «no olvides».
Cuando te despiertas por la mañana, ¿maldices el hecho de tener que ir a trabajar? ¿Te quejas del
tiempo? ¿Te quejas de que te duele la cabeza o la espalda? ¿Qué es lo que piensas o dices en
segundo y tercer lugar? ¿Les chillas a tus hijos para que se levanten? La mayoría de las personas
dicen más o menos las mismas cosas cada mañana. ¿Cómo hace que empiece tu día lo que dices?
¿Es un comienzo positivo, alegre y maravilloso? ¿O es malhumorado y crítico? Si te lamentas, gruñes
y maldices, esas son las bases que sentarás para ese día.
¿Cuáles son tus últimos pensamientos antes de dormirte? ¿Son potentes pensamientos curativos,
o son de inquietud por tu pobreza? Los pensamientos de pobreza no sólo se refieren a la escasez de
dinero; son formas negativas de ver cualquier aspecto de tu vida, cualquier cosa que no fluye li-
bremente en tu vida. ¿Te preocupa el mañana? Yo suelo leer algo positivo antes de dormirme. Soy
consciente de que mientras duermo hago muchísima limpieza que me prepara para el día siguiente.
Me resulta muy útil traspasar a mis sueños los problemas o interrogantes que tenga. Sé que mis
sueños me ayudarán a resolver cualquier cosa que suceda en mi vida.
Yo soy la única persona que puede pensar en mi mente, así como tú eres la única persona que
puede pensar en la tuya. Nadie nos puede obligar a pensar de forma diferente. Nosotros escogemos
nuestros pensamientos, que constituyen la base de nuestro «diálogo interno». A medida que iba com-
probando cómo funcionaba cada vez más en mi vida este proceso, vivía más de acuerdo con lo que
enseñaba a los demás. Vigilaba de verdad mis palabras y pensamientos y a cada momento me
perdonaba por no ser perfecta. En lugar de luchar por ser una persona excelente que fuera aceptable
a los ojos de los demás, me di permiso para ser yo misma. Cuando por vez primera comencé a
confiar en la vida y a considerarla como un lugar acogedor, me sentí más ligera. Mi humor se hizo
menos mordaz y más auténticamente divertido. Trabajé para liberar toda crítica y todo juicio de mí
misma y de los demás. Dejé de contar historias catastróficas. Somos tan rápidos para propagar las
malas noticias... Es francamente increíble. Dejé de leer los periódicos y renuncié al telediario de la
noche, porque toda la información que daban se refería a desastres y violencia y contenía muy pocas
buenas noticias. Me di cuenta de que la mayoría de la gente en realidad no desea escuchar buenas
noticias. Les encanta escuchar malas noticias, para tener algo de qué quejarse. Somos demasiadas
las personas que contamos una y otra vez las mismas historias negativas hasta convencernos de que
sólo existe el mal en el mundo. Durante un tiempo hubo una emisora de radio que se dedicó a dar
solamente noticias buenas. Quebró.
Cuando enfermé de cáncer decidí abandonar todo chismorreo. Con gran sorpresa por mi parte,
descubrí que ya no tenía nada que decirle a nadie. Me di cuenta de que cada vez que me encontraba
con algún amigo, inmediatamente me ponía a comentar con él el último chisme o trapo sucio.
Finalmente descubrí que había otras formas de conversar, aunque éste no fue un hábito fácil de
romper. De todas maneras, si yo murmuraba de otras personas, lo más probable era que éstas
hicieran lo mismo conmigo, pues lo que damos lo recibimos de vuelta.
Comencé a tratar con más y más personas y a escuchar lo que decían. Empecé a prestar atención
a las palabras, no sólo al tema general. Después de diez minutos con un nuevo cliente, generalmente
sabía con exactitud la causa de su problema, porque escuchaba las palabras que utilizaba. Era capaz
de comprenderlo por su forma de hablar. Sabía que sus palabras contribuían a crear y agravar su
problema. Si al hablar empleaba palabras negativas, ¿te imaginas cómo debía ser su «diálogo
interno»? Evidentemente, la programación negativa era la que dominaba: los pensamientos de
pobreza, como yo los bauticé.
Un sencillo ejercicio que te sugiero hacer es colocar un magnetófono junto a tu teléfono y grabar la
conversación que tenga lugar cada vez que hagas o recibas una llamada. Cuando la cinta esté llena
por ambos lados, escúchala, escucha lo que has dicho y cómo lo has dicho. Lo más probable es que
te sorprendas. Escucharás las palabras que empleas y la inflexión de tu voz. Empezarás a tomar
conciencia. Si observas que repites algo tres o más veces, anótalo, porque se trata de una clave o
pauta. Puede que algunas de tus pautas sean alentadoras, pero también puede haber otras muy
negativas.
El poder del subconsciente
A la luz de lo que he dicho hasta aquí, deseo analizar el poder de nuestro subconsciente. Nuestro
subconsciente no hace juicios. Acepta todo lo que decimos, y crea en concordancia con nuestras
creencias. Siempre dice «sí». Nuestro subconsciente nos ama y nos proporciona lo que nosotros
afirmamos. Pero tenemos elección. Si elegimos conceptos y creencias de pobreza, entonces el
subconsciente supondrá que eso es lo que deseamos, y continuará dándonos estas cosas hasta que
decidamos cambiar nuestros pensamientos, palabras y creencias por otros mejores. Nunca estamos
obstaculizados porque siempre podemos volver a elegir. Hay millones y millones de pensamientos
entre los cuales podemos escoger.
Nuestro subconsciente no sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso, o entre lo correcto y lo
incorrecto. No nos conviene desaprobarnos de ninguna manera. No nos conviene decir algo así como
«¡Ay, estúpido de mí!», porque el subconsciente escuchará ese diálogo interno y al cabo de un
tiempo nos sentiremos realmente estúpidos. Si lo repetimos mucho se convertirá en una convicción
en nuestro subconsciente.
Os diré una verdad muy importante: el subconsciente no tiene sentido del humor. Es muy
importante saberlo y comprenderlo. No se puede hacer una broma respecto a uno mismo y pensar
que eso no tiene importancia. Cualquier frase despectiva que pronuncies sobre ti mismo, aun cuando
la digas con la intención de ser ingenioso o divertido, tu subconsciente la aceptará como verdadera.
Yo no permito que se hagan chistes despectivos en mis talleres o seminarios. Admito chistes verdes
o de cualquier otro tipo, pero no chistes que muestren desprecio por una nacionalidad, raza, sexo,
color, etcétera.
De modo que no hagas chistes ni comentarios despectivos sobre ti, ya que no te crearán buenas
experiencias. Tampoco los hagas sobre otras personas. El subconsciente no distingue entre ti y los
demás. Escucha las palabras y cree que hablas de ti mismo. La próxima vez que te sientas tentado a
criticar a alguien, pregúntate por qué piensas eso de ti mismo. Vemos en los demás sólo aquello que
vemos en nosotros mismos. En lugar de criticar a los demás, elogíalos, y verás cómo dentro de un
mes notarás un enorme cambio en ti.
Nuestro mundo es en realidad un asunto de enfoque y actitud. Fíjate en la forma en que se expresan
las personas solas, desdichadas, pobres, enfermas. ¿Qué palabras emplean? ¿Qué han aceptado
como verdad sobre sí mismas? ¿Cómo se describen a sí mismas? ¿Cómo describen su trabajo, su
vida, sus relaciones? ¿Qué esperan de la vida? Presta atención a sus palabras, pero por favor, no
vayas por ahí diciéndoles a personas desconocidas que están arruinando su vida por la forma en que
hablan. Tampoco lo hagas con tus familiares y amigos, porque no te lo agradecerán ni valorarán la
información. Pero sí usa esta información para iniciar una nueva relación contigo mismo, y llévala a la
práctica si deseas que tu vida cambie, porque incluso en el más pequeñísimo plano, si cambias tu
forma de hablar, también cambiarán tus experiencias.
Si estás enfermo y crees que tu enfermedad es incurable, que te vas a morir y que la vida es una
miseria porque nada te funciona... ¿adivinas qué pasa?
Puedes elegir renunciar a tu concepto negativo de la vida. Empieza por afirmar que eres una
persona amable (digna de amor), digna de curarte, y que atraes todo lo que necesitas en el aspecto
físico para sanar. Afirma que estás dispuesto a ponerte bien y que puedes hacerlo confiadamente
porque estás a salvo.
Muchas personas solamente se sienten a salvo cuando están enfermas. Suelen ser del tipo que
tienen dificultad para decir «no». La única forma en que pueden negarse a hacer algo es diciendo:
«Me siento demasiado mal para hacerlo». Es la excusa perfecta. Recuerdo a una mujer que asistía a
mis talleres. Ya llevaba tres operaciones de cáncer. Era incapaz de decir «no» a nadie. Su padre era
médico y ella era una buena hija, de manera que todo lo que papá decía que ella debía hacer lo
hacía. Le resultaba imposible decir «no». Le pidieras lo que le pidieras, ella tenía que decir «sí».
Llevó cuatro días lograr que por fin chillara «¡No!» a todo pulmón. Logré que lo hiciera agitando el
puño. «¡No, no y no!» Una vez que consiguió hacerlo, le encantó.
He comprobado que muchas mujeres que enferman de cáncer de mama no saben decir .«no».
Nutren a todo el mundo excepto a ellas mismas. Una de las cosas que recomiendo a las mujeres que
tienen cáncer de mama es que aprendan a decir: «No; no quiero hacerlo, no». Dos o tres meses de
decir «no» a todo, y las cosas empiezan a cambiar. Las mujeres necesitamos nutrirnos diciendo:
«Deseo hacer esto, y no lo que tú quieres que haga».
Cuando yo tenía mi consultorio particular, solía escuchar a mis clientes hablar de sus limitaciones.
Siempre deseaban que yo supiera por qué motivo estaban estancados. Si creemos que estamos
estancados y aceptamos que lo estamos, entonces sin duda estaremos estancados. Nos quedamos
«estancados» porque así se satisfacen nuestras creencias negativas. En lugar de eso, comencemos
a centrar nuestra atención en nuestras fuerzas.
Muchas personas me han dicho que mis cintas les han salvado la vida. Deseo que comprendas
que ningún libro ni ninguna cinta te va a salvar. Un trocito de cinta en una cajita de plástico no te va a
salvar la vida. Lo que importa es lo que «tú» haces con esa información. Yo puedo darte muchísimas
ideas, pero lo que hagas con ellas es lo que cuenta. Te sugiero que escuches alguna cinta en
particular una y otra vez durante un mes o más para que las ideas que contiene se conviertan en una
nueva pauta de comportamiento. Yo no soy tu salvadora ni tu sanadora. La única persona que va a
realizar un cambio en tu vida eres tú.
Ahora bien, ¿cuáles son los mensajes que deseas escuchar? Ya sé que esto lo repito una y otra vez:
«Amarnos a nosotros mismos es lo más importante que podemos hacer, porque cuando nos
amamos, no nos hacemos daño ni tampoco se lo hacemos a ninguna otra persona». Es la receta
para la paz mundial. Si yo no me hago daño y no te hago daño, ¿cómo podemos estar en guerra?
Cuantas más personas lleguemos a ese lugar, mejor será el planeta. Comencemos a tomar con-
ciencia de lo que sucede escuchando las palabras que decimos, en nuestro diálogo interno y en el
diálogo con los demás.
Entonces podremos empezar a realizar los cambios que nos ayudarán a
curarnos a nosotros mismos y al resto del planeta.
Louise.L.Hay
Louise L. Hay
Felicidad

Entrevista a Bernabe Tierno:
El libro "Los pilares de la felicidad", ¿está escrito para que lo lea un determinado tipo de persona o más bien va dirigido a todos los lectores? Bernabé Tierno.- Siempre me ha preocupado el ser humano y la manera de vivir. Como yo digo: "somos los que vivimos y disfrutamos". Es un libro muy generalista, y actualmente lo están utilizando desde departamentos de RR.HH, hasta particulares y educadores. Así que puede ser útil para muchas personas.
R.V.- Usted cita los diez pilares que construyen la felicidad. ¿Hay alguno que sea más importante que el resto?Bernabé Tierno.- ¡El primero! El amor es el pilar central. Porque el amor a uno mismo, que nada tiene que ver con el orgullo,quiere decir que una persona se quiere, que se valora, que está a gusto con lo que tiene y además es capaz de derramar su amor a los demás y a la propia vida. Esa persona prácticamente está plena. Si este primer pilar está bien cimentado, luego podemos pasar a los nueve siguientes.
R.V.- ¿Las personas tenemos miedo a ser felices?Bernabé Tierno.- La gente no se da cuenta que no podemos ser felices en todo momento. Una persona que sea totalmente feliz, ya de por sí es desgraciada. Yo puedo saciar el hambre o la sed si realmente tengo esa carencia en mi organismo. Por tanto, tenemos que tener carencias para poder tener vacíos y llenarlos. La felicidad está relacionada con ir llenado esos vacíos y sabiendo que tenemos un objetivo y un camino a seguir. La vida está sembrada de muchos momentos felices, pero no de la misma intensidad. La felicidad es un ramillete de muchas cosas y cada cual se la tiene que hacer a la carta.
R.V.- Según el libro, el miedo "es el principal virus contra el que tenemos que luchar". ¿Qué tengo que hacer para controlar el miedo?Bernabé Tierno.- El miedo lo tenemos por herencia y siempre está en nosotros. A lo largo de nuestra vida, siempre va ha haber alguien que quiera darnos miedo. Es cuestión de ser conscientemente positivo y analizar esos miedos. Al final, el miedo al miedo se vence de una manera consciente, con nuestro cerebro cortical y nuestros lóbulos pre frontales que son los que dejan las bobadas a un lado. El miedo es una herramienta que utiliza la gente malvada para ejercer su control.
R.V.- ¿Y cómo activo mi lóbulo pre frontal?Bernabé Tierno.- El fomentar actitudes conscientemente positivas, el analizar, enjuiciar las cosas es fundamental. La gente se acalora muy rápidamente y eso hace que perdamos el juicio. Cuando estamos en ese momento que parece que vayamos a estallar, no hay que hacer nada, hay que dejar que nos enfriemos. ¿Qué pasó, por ejemplo, cuando Hugo Chávez, que es un hombre primitivo y visceral, activó el paleocontis del Rey? Que él respondió "Porqué no te callas". Cualquier experto en recursos humanos le hubiera dicho al Rey que esa no es la forma. Ahí se ve como el Rey activó su irracionalidad y su falta de reflexión.
R.V.- Pero es que hay situaciones que pueden con nosotrosBernabé Tierno.- Le voy a poner un ejemplo de personas racionales. Cuando en el 23F Tejero entró en el Congreso de los Diputados metiendo tiros, sólo hubo tres personas no se tiraron al suelo: el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, el jefe de los ejércitos, Gutiérrez Mellado y Carrillo, que le daba igual. ¿Por qué no se tiraron al suelo? Porqué en esos tres segundos que tuvieron se activó su parte consciente.
R.V.- ¿Por qué el ser humano sostiene que la felicidad se basa en cosas materiales como una casa grande o un buen coche?Bernabé Tierno.- Porque ha sido lo que ha buscado el hombre desde siempre. El hombre primitivo buscaba fundamentalmente tener casa. Como por ejemplo, el caso de la sexualidad. Es totalmente visceral, a la hora de hacer el amor somos más animales que nunca. En el sentido de querer una gran casa somos como niños. A ver… ¿para qué quiere una familia de 3 personas 500 metro cuadrados de casa? Es un sentimiento primitivo. Las personas que tienen un gran crecimiento interior, no necesitan demostrar su poder a los demás y valoran más los sentimientos.
R.V.- Acabo de perder mi trabajo y tengo que pagar una hipoteca. ¿Cómo puedo ser feliz?Bernabé Tierno.- Primero no haciendo un problema de ello y buscando soluciones. Salga, hable con sus amigos y sobretodo, no se centre en el lamento. Cuando una persona se lamenta, le bajan las defensas y nos creamos una barrera para que no nos llegue la suerte. ¡A la suerte hay que llamarla con actitudes positivas! Y después, vivir bajo mínimos. Si no se puede comer otra cosa que pan, pues bienvenido sea. ¡Ya vendrán mejores momentos!
R.V.- Estamos viviendo una época viviendo de gran auge de los libros de autoayuda. ¿Qué valor diferencial ofrece su libro para destacar?Bernabé Tierno.- Mis libros son de crecimiento personal, psicología positiva que le llaman. Ayudan al ser humano a potenciar lo mejor de ellos mismos. Los libros de autoayuda los hacen personas que, a lo mejor son ingenieros y hacen un refrito de los que han leído en algunos libros y ya está. Mis libros ayudan a orientar la vida de las personas.
Fuente:
"Al amor no se le conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece", es para mi la más sencilla y completa. Amar es desear apasionadamente, ver feliz a la persona amada y desear y procurar su felicidad por y para siempre. El amor grande no tiene fecha de caducidad, el amor auténtico, al igual que la energía, nunca se destruye, se va transformando y enriqueciendo constantemente.
Quien es Bernabe Tierno:
Bernabé Tierno es licenciado en Filosofía, Ciencias de la Educación y Psicología, especialista en Psicopedagogía por la Escuela Superior de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, y miembro de la Sociedad Española de Medicina Legal y Social, así como de la Sociedad Española de Pedagogía. Ha recibido la Medalla de Honor del 50 Aniversario de la UNICEF (1996), el premio Paz del Mundo como impulsor de los valores humanos (1997) y el premio Aula de Paz otorgado por la escuela asociada a la UNESCO, Aula de Paz Camin de Mieres, del Principado de Asturias (2002).
Colaborador habitual en distintos medios de comunicación y conferenciante infatigable, es autor de numerosas obras, entre las que cabe destacar las publicadas en esta editorial: Tu hijo: problemas y conflictos, Educar a un adolescente, Dudas y errores del lenguaje (en colaboración con Rosa Velasco), Saber educar (en colaboración con Antonio Escaja), Aprendo a vivir, El psicólogo en casa, Abiertos a la esperanza, Las mejores técnicas de estudio, La fuerza del amor, Psicología práctica de la vida cotidiana, Conseguir el éxito, Aprobar el curso y La educación inteligente.
Además, Bernábé compagina estas actividades con su consulta privada en Madrid desde donde se desplaza para organizar talleres dirigidos a padres y educadores así como pronunciar conferencias en Universidades, Asociaciones, etc.
viernes, 24 de abril de 2009
Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relato "Mis padres vivieron 55 años casados". Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle Mi padre la alcanzó, la levanto como pudo y casi a rastras A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, Cuando llego, por desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada Alzo la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre Se produjo un momento de respetuoso silencio. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos "Fueron 55 buenos años...¿saben?," Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea "Cuando mi padre termino de hablar, mis hermanos y yo |
"El amor es sufrido, es benigno; No se goza de la injusticia, Todo lo sufre, todo lo cree, El amor nunca deja de ser".
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QUE PASARIA...

¿Qué pasaría... si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría?
¿Qué pasaría si de pronto una injusticia, solo una, es repudiada por todos, todos los que somos, todos, no unos, no algunos, sino todos?
¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?
¿Qué pasaría si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos?
¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos, y vos por mí que estoy tan lejos, y ambos por los otros que están muy lejos y los otros por nosotros aunque estemos lejos?
¿Qué pasaría si el grito de un continente fuese el grito de todos los continentes?
¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?
¿Qué pasaría si rompemos las fronteras y avanzamos y avanzamos y avanzamos y avanzamos?
¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas para tener solo una, la nuestra, la de todos, o mejor ninguna porque no la necesitamos?
¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos?
¿No sé... me pregunto yo... qué pasaría?
Enseñanzas de una Madre llena de Dios
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Enseñanzas de la Madre Teresa
"Podemos transitar por los lugares más terrible sin temor, porque Jesús en nosotros nunca nos decepcionará. jesús es nuestro amor, nuestra fuerza, nuestra alegría y nuestra compasión."
"Cada hombre es importante y merece nuestra atención. Nosotros siempre tratamos con individuos, nunca con las masas. Pero si esperamos que haya muchos, entonces nos perderíamos en la cantidad y no haríamos nada por nadie."
"A la hora de nuestra muerte, seremos juzgados por nuestra actitud de haber reconocido a Cristo en cada hombre que sufre."
"Dios sólo habla en el silencio. El silencio es reflexión."
"El amor de Cristo siempre es más fuerte que el mal en el mundo."
"Nada es demasiado insignificante. Somos tan pequeños que miramos todo desde una óptica de pequeñez. Pero el Señor, siendo todopoderoso, ve hasta lo más pequeño como grande."
"Encontré a una mujer moribunda en las calles. La traje a nuestro hogar. Cuando la acosté en su pequeña cama, me sonrió, tomó mi mano y dijo una sola palabra: 'Gracias'. Luego murió. Ella me dió mucho más de lo que yo hacía por ella. Me dió su amor y gratitud".
"Hemos sido creados para grandes destinos. Sólo tenemos que comprenderlo."
"La compasión es como el vuelo del alma hacia el prójimo."
"El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servico es la paz."
Palabras de la Madre Teresa
"Muchos decían que era absolutamente inútil trabajar entre la escoria humana, en lugar de ayudar, fortaleciendo a los leprosos.
Que así sea. Si tantas monjas y curas quieren rodear sólo a los pudientes, a los cultos y a los ilustres, está bien, que lo hagan;
pero que no molesten con sus difamaciones a los pocos que sí queremos ocuparnos de los más bajos entre los bajos.
Yo sé que me llaman la monja de los callejones,
y estoy muy feliz de ser eso, por el amor y la gloria de Dios".
-Madre, usted siempre utiliza el término "el menor de mis hermanos". ¿A quién se refiere?
-Hablo no sólo de los que sufen pobreza física,
sino de quienes sufren soledad. Hablo de los necesitados no sólo de comida, sino de la palabra de Dios. Aquellos que buscan justicia y amor, los que piden huir de su ignorancia y recibir conocimientos.
Aquellos que quieren llegar a la verdad. Los que más que ropa, buscan dignidad. Los que piden caricias, en el cuerpo y el espíritu.
Los que son víctimas del abuso y la discriminación, los que son abandonados e indigentes, los que han perdido la esperanza,
que es la último que deberían perder. Los que creen haber perdido a Dios. Los que caen en adicciones. Los que están presos.
-¿Qué siente al entrar en una cárcel?
-La común unión con aquellos que esperan. Siempre rezamos juntos y es conmovedor ver cómo hombres en apariencia tan duros, agachen la cabeza y lloran, orando a Dios. Allí descubren el silencio
que da la paz.
-¿Cómo se debe rezar?
-No existe una fórmula. Yo tengo la mía. Las misioneras tenemos nuestro modo de orar al Señor. Se debe buscar el silencio, que es el estado ideal de las revelaciones.
Se debe intentar todos los días, en cualquier momento, en cualquier lugar. No hace falta estar en una iglesia. La iglesia está dentro de nosotros cuando elevamos nuestros pensamientos al Altísimo.
Si no logramos hablar directamente con Dios, se puede pedir ayuda a un sacerdote.
Sólo hay que hablar con Dios. El es nuestro Padre, sea cual fuere nuestra religión. Todas las religiones tienen su derecho a la verdad.
Todos hemos sido creados por Dios y somos Sus hijos. Debemos confiar en El, creer en El y trabajar para El, y al rezar llueven las respuestas.
Oraciones de la Madre Teresa
"Haz que alcen la vista y dejen de vernos a nosotros, para verte a Ti.
Quédate con nosotros, y así empezaremos a resplandecer como Tú resplandeces.
Resplandecer para ser una luz para los demás.
La luz, Jesús, vendrá toda de Ti, no será nuestra.
Será tuya y resplandecerá en otros a través de nosotros.
Déjanos adorarte del modo que más te gusta, resplandeciendo entre los que nos rodean.
Déjanos predicar sin sermones, no mediante palabras sino con nuestro ejemplo.
Por la fuerza contagiosa, la influencia natural de lo que hacemos.
La plenitud evidente del amor que nuestro corazón siente por Ti.
Amén".
"Querido Jesús, ayúdanos a esparcir tu fragrancia
por dondequiera que vayamos.
Llena nuestra alma de Tu espíritu y vida.
Penetra y posee todo nuestro ser profundamente.
Que nuestra vida pueda ser un resplandor de la Tuya.
Resplandece a través de nosotros, y permanece
en nosotros para que toda alma que
encontremos pueda sentir Tu presencia
en nuestra alma".
AMAR A UN SER HUMANO





lunes, 20 de abril de 2009
"AM-ARTE" CON MI CORAZON DE TINTA

