martes, 11 de junio de 2019




Justo en el corazón de la vida, hay una simplicidad que está totalmente más allá de las palabras.
Sin embargo, en el momento en que intentamos hablar sobre esta simplicidad, en el momento en que intentamos ponerla en palabras, en cierto sentido la hemos matado. Como el Tao Te Ching nos ha estado recordando durante más de dos mil años:
"El tao del que se puede hablar
no es el tao eterno.
El nombre que se puede nombrar
no es el nombre eterno.
Lo innombrable es lo eternamente real.
Nombrar es el origen
de todas las cosas particulares."
Este es realmente un libro sobre algo que no se puede expresar con palabras: el hecho de que, justo en el corazón de la vida, en el lugar donde te encuentras, aquí mismo y ahora mismo, está sucediendo un milagro.
¿Y qué milagro es ese?
Es el momento presente.
Es todo: las visiones, sonidos y olores presentes, las sensaciones corporales, el corazón latiendo, la respiración...
Es la vida misma.
Es todo y no es nada: ninguna cosa. Más allá de las historias que contamos sobre la vida, más allá de nuestros conceptos, más allá de nuestras creencias e ideas, más allá de nuestras ideologías y complicadas filosofías, más allá del tiempo y el espacio, no hay "cosas" separadas en existencia. Más allá del sueño de la dualidad, no hay separación en absoluto. Aquí hay una verdad atemporal que va directamente al corazón de todas las religiones y tradiciones espirituales, y, en definitiva, también al corazón de la ciencia moderna. Debajo de todas las dicotomías que definen nuestras vidas, hay una sola realidad subyacente (llámala Tao, llámala Mente de Buda, o Advaita, o Brahman, o la Vida Misma o Energía, o llámala nada en absoluto... ) y que la realidad no está separada de lo que somos. Como lo expresó tan bellamente el físico cuántico Erwin Schrödinger:
"Lo que observamos como cuerpos y fuerzas materiales no son más que formas y variaciones en la estructura del espacio. Las partículas son solo schaumkommen (apariencias). El mundo me es dado de una sola vez, no uno existente y uno percibido. El sujeto y el objeto son solo Uno. No se puede decir que la barrera entre ellos se haya roto como resultado de la experiencia reciente en las ciencias físicas, porque esta barrera no existe."
Más allá del pensamiento, nada está separado de cualquier otra cosa. Sin embargo, de ese Misterio Innombrable, surgen las palabras, aparecen los pensamientos, la separación hace su pequeña danza, y este es el juego de la dualidad dentro de la no dualidad, y es absolutamente imposible hablar de eso.
Así que puedes preguntar: ¿Por qué escribir un libro sobre algo que es muy presente, muy vivo, muy íntimo y, por lo tanto, muy paradójico para ponerlo en palabras?
¿Por qué intentar utilizar el lenguaje dual para comunicar aquello que está más allá de la dualidad?
¿Por qué no simplemente guardar silencio y terminar con eso?
¡Esta es una muy buena pregunta!
Bueno, aunque las palabras nunca capturarán esta simplicidad, tal vez puedan apuntar hacia ella.
Por lo tanto, eso es lo que realmente son todas las palabras en este libro: punteros. Nada más y nada menos. Señalan a la Fuente, al origen de todas las cosas, que en el análisis final es idéntico a lo que realmente eres, más allá de tu historia de vida creada por la mente, e idéntico a la vida misma, mientras baila en el vacío.
La apariencia y la esencia son no-dos. Más allá de eso no podemos ir con palabras.
Si prestas demasiada atención a los punteros, terminarás perdiendo lo que apuntan los punteros. Como se dice en el Zen, si prestas demasiada atención al dedo que apunta a la luna, te perderás esa hermosa luna...
Ahora bien, estoy seguro de que cualquier filósofo medio decente sería capaz de hacer pedazos muchos de los argumentos de este libro. Él o ella puede afirmar que muchas de las afirmaciones en este libro son ilógicas, que partes del libro contradicen otras partes, que el texto va en contra de la racionalidad e incluso del sentido común, que las ideas presentadas aquí son radicales o incluso completamente locas. Eso está bien. No estoy aquí para convertir a nadie a una nueva forma de pensar, para imponer un nuevo sistema de creencias a nadie, o para comenzar una nueva religión. Lo que se está comunicando en este libro va más allá de todo ese juego de "Yo tengo la verdad y tú no" que nos encanta jugar. Es una posibilidad que atraviesa el corazón de las cosas.
Va más allá de "mi religión contra tu religión", "mi Dios contra tu Dios" o "mis creencias contra tus creencias". Esta posibilidad va más allá de todo lo que aparentemente nos separa.
Va más allá de "yo soy cristiano, tú eres judío", más allá de "yo soy negro, tú eres blanco", más allá de "yo estoy en lo cierto, tú estás equivocado", más allá de "yo soy un hombre, tú eres una mujer". Va mucho más allá de "yo estoy iluminado, tú no estás iluminado", "yo estoy despierto y tú no lo estás", "yo lo he conseguido y tú no", "yo no soy dual pero tú aún eres dual", o incluso "yo estoy aquí y tú estás ahí". Más allá de todos estos opuestos duales, ahí radica la verdadera libertad.
Más allá de la lógica, más allá de la racionalidad, más allá del pensamiento mismo, hasta el silencio sin palabras en el corazón de las cosas: ahí es donde apuntan todas las palabras de este libro.
Necesitarás dejar atrás la mente lógica si quieres ir más lejos. Este es un viaje hacia la vivacidad, a la vida misma, no al intelecto.

Compartiendo esto

No me considero un maestro. Ya ves, no tengo nada que darte. No tengo nada que tú no tengas.
Simplemente no tengo nada que enseñar, pero quizás, solo tal vez, tengo algo que compartir. Y si lo que se comparte en este libro realmente se ve, también verás que solo estoy compartiendo esto conmigo mismo, porque soy lo que eres. Más allá de nuestras historias de vida, no hay nada que pueda separarnos. Esta no es una comunicación de persona a persona, de individuo separado a individuo separado, de profesor a alumno, sino un compartir de la vida a sí misma. Entonces, en última instancia, no es realmente un "compartir"... ¡Pero aquí llegamos a los límites del lenguaje!
El lenguaje no puede decir lo que no se puede decir. Pero tal vez el lenguaje, usado de cierta manera, puede ayudar a señalar lo que no se puede decir.
Ahora bien, aquí están las buenas noticias: no necesitas entender nada de lo que se dice aquí. Más allá del intento de la mente de comprender, y más allá de cualquier confusión que puedas experimentar mientras lees, puede haber una resonancia, un reconocimiento, un conocer que es más profundo que cualquier palabra. Mucha gente lee mis libros y me dice que no entienden lo que se dice, pero al mismo tiempo lo saben y siempre lo han sabido. No lo entienden, pero lo saben más clara y directamente de lo que nunca han sabido nada.
No estoy aquí para enseñarte nada, pero quizás esté aquí para recordarte algo que ya sabes.
Este libro puede desafiar tus conceptos sobre qué es y qué no es la "espiritualidad". Cuestionará la idea de que hay, en realidad, algo en el mundo separado de otra cosa, que hay un "buscador" separado de lo que busca, que hay un "yo" separado de "tú", que la iluminación no está ya aquí, que el Reino de los Cielos se encuentra más allá, que la Unicidad está en algún lugar "ahí fuera".
Este libro realmente trata sobre el final de la búsqueda, el final de la lucha, el final del sufrimiento, el final de la idea de que eres una persona pequeña en un mundo grande, de alguna manera separada de la totalidad. Apunta a una suave explosión en algo mucho más poderoso, mucho más alegre y mucho más simple de lo que nos prometieron las enseñanzas del mundo. Apunta de vuelta a casa.
El final de la búsqueda espiritual es una aceptación absolutamente radical de lo que es. Y esta aceptación, este ver a través, no la haces , el individuo. Esta aceptación no es un hacer, no es un logro, no es el resultado de nada. Esta aceptación está en la naturaleza de las cosas, tal como ya son.
Ya, todo surge espontáneamente, libremente, por sí mismo.
Ya, el universo lo acepta todo, incondicionalmente, tal como es.
Ya, como el Buda vio tan claramente, no hay un yo separado.
Este es el misterio que vamos a explorar.
JEFF FOSTER

jueves, 22 de febrero de 2018

MI REENCUENTRO... MI TRANSFORMACION

Se llama calma y me costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando desaparece…. 
salgo otra vez a su búsqueda.
Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…
Anonimo

jueves, 6 de abril de 2017






Paso mucho tiempo de aquella ultima carta,
del ultimo poema, de la ultima frase...
Paso mucho tiempo...
Me deje a mi misma olvidada,
me olvide de escucharme,
me olvide  de ser.
Es como si de repente,
la vida me adormeciera en un profundo sueño,
a veces pesadilla...
Es como si ,
me hubieran puesto una venda en los ojos,
o como si yo misma no quisiera escuchar ?
escucharme?
Haber creído que valía solo en la medida ,
de lo que valía para el otro,
para ese otro que me hacia sentir viva,
porque?
simplemente porque me necesitaba.
Y en ese mientras tanto ,
pasaron tantas personas hermosas en mi vida
que me gritaban lo que yo valgo,
no las supe escuchar , no quise escucharlas?
Tan dormida estaba?

hoy, otra vez, como tantas otras
en medio del dolor
vuelvo a nacer,
vuelvo a ser,
pero no la misma...

Soy yo y el amor que guardo
el amor para amarme
y el amor para amar...

                                          VSA...


viernes, 31 de enero de 2014

INTIMAMENTE MUJER ...



Arguye de inconsecuentes el gusto
y la censura de los hombres que en
las mujeres acusan lo que causan


Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis: 


si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?


Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia. 


Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia. 


¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?


Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien. 


Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana. 


Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis. 


¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada? 


Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena. 


Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas. 


¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído? 


¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?


Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis. 


Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar. 


Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

miércoles, 22 de enero de 2014

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME ESCRIBEN Y HACEN COMENTARIOS TAN LINDOS. LA VERDAD ES QUE TENIA MEDIO ABANDONADO  EL BLOG POR TEMAS PERSONALES Y AHORA ME DIERON GANAS DE VOLVER! GRACIAS DE CORAZON. SEGUIREMOS EN CONTACTO CUANDO QUIERAN. BESOS Y BENDICIONES

domingo, 27 de marzo de 2011

No les dejo mi libertad, si no mis alas


Por :GLORIA INES ARIAS DE SANCHEZ

Les dejo a mis hijos, no cien cosechas de trigo, si no un rincon en la montana, con tierra negra y fertil, un puñado de semillas y unas manos fuertes labradas en el barro y en el viento.



No les dejo el fuego ya prendido, sino señalado el camino que lleva al bosque y el atajo a la mina de carbon.



No les dejo el agua servida en los cantaros, sino un pozo de ladrillo, una laguna cercana y unas nubes que a veces llueven.



No les dejo el refugio de un domingo en la iglesia, sino el vuelo de mis palomas y el derecho a buscar en el cielo, en los montes y en los rios abiertos.



No les dejo la luz azulosa de una lampara de metal, sino un sol inmenso y una noche llena de mil luciernagas.



No les dejo un mapa del mundo (ni siquiera un mapa del pueblo) sino el firmamento habitado por las estrellas y unas palmas verdes que miran a oriente.



No les dejo un fusil con doce balas, sino un corazon amigo, que ademas del beso sabe gritar .



No les dejo lo que pude encontrar, sino la ilusion de lo que siempre quise alcanzar .



No les dejo escritas las protesta, sino escritas las heridas .



No les dejo el amor entre las manos, sino una luna amarilla, que presencie como se hunde la piel en la piel, sobre un campo ,sobre un alma clara .



No les dejo mi libertad sino mis alas.



Y no les dejo mis versos ni mis canciones, sino una voz viva y fuerte que nunca nadie pueda callar. Y que ellos escriban, ellos, sus versos, como los escribe la madrugada cuando se acaba la noche.



......que escriban ellos sus versos, por algo no les dejo mi libertad sino mis alas. Colaboración de Santiago Orta Fragozo de Colombia.



¿qué clase de ser humano soy?



Menuda pregunta ¿Verdad?; Comenzó a hacerme cosquillas en el corazón, después de leer a Alberto Magno (santo muy antiguo), para quien hay tres plenitudes:


La del vaso, que retiene y que no da nada.






La del canal, que da y no retiene.






La de la fuente, que crea, retiene y da.






Y entonces comprendí que, hay seres humanos vaso, cuya única ocupación es almacenar virtudes, ciencia y sabiduría, objetos y dinero.






Son aquellos que creen saber todo lo que hay que saber; tener todo lo que hay que tener, y consideran su tarea terminada cuando han concluido su almacenamiento.






No pueden compartir su alegría, ni poner al servicio de los demás sus talentos, ni siquiera repartir sabiduría.






Son extraordinariamente estériles; servidores de su egoísmo; carceleros de su propio potencial humano.






Por otro lado existen los seres humanos-canal, son aquellas que se pasan la vida haciendo y haciendo cosas. Su lema es: "producir, producir y producir".






No están felices si no realizan muchas muchisimas actividades y todas de prisa, sin perder un minuto. Creen estar al servicio de los demás, fruto de su neurosis productiva , cuando en realidad su accionar es el único modo que tienen de calmar sus carencias; Dan, dan y dan; pero no retienen.






Siguen dando y se sienten vacíos.






Pero también podemos encontrar seres humanos- fuente, que son verdaderos manantiales de vida. Capaces de dar sin vaciarse, de regar sin decrecer, de ofrecer su agua sin quedarse secos.






Son aquellos que nos salpican "gotitas" de amor, confianza y optimismo, iluminando con su reflejo nuestra propia vida. Colaboración de Jose Luis Caballero Quezada.






martes, 22 de febrero de 2011

HOY LLEGUE DE TRABAJAR ....ABRI MI MAIL Y ENCONTRE ESTA CARTA....







... antes que nada presentarme, soy Ada Benítez y trabajaba a full con tu Hermano Gustavo. No soy muy amiga del Internet, pero algo sucedió que puse el nombre de Gustavo en l ...a red y apareciste Vos con esa página TAN LINDA... y por ello Gracias!!!!


Simplemente contarte a Vos, Tus Padres, la Esposa de Gustavo y sus Hermosos Hijos, que Él siempre nos hablaba del Amor de su Familia, nos contaba que su hijo es un Príncipe y a la Nena una Locura!!!


Realmente, Gustavo es de esas personas que perduran en el corazón de cualquiera que tuvo la oportunidad de conocerlo, hablo en presente, porque él vive en nuestros corazones y siempre lo recordaremos con todo el Amor y la Sonriza que nos regalaba cada día...


Tal como te dice Ale Sosa Kosir, nos encantaría poder conocerlos y poder contarles tantísimas anécdotas de nuestro Amigo, una de ellas, cuando tuve a mi beba Alma, ó cada vez que nacía algún Bebé en el grupo, ÉL!! personalmente se hacia un tiempo para estar PRESENTE con todas las letras, iva a ver al BB, se ocupaba de organizar la compra del regalo, los concejos prenatales, natales y posnatales, verificaba que el BB tuviera todos sus deditos... en fin... no todas las personas son así, hacen falta más Gustavos en este Mundo. Bueno Vanesa, gracias nuevamente por tu página, Yo resido en Misiones pero de corazón, me encantaría poder darles un fuerte abrazo en persona.


Un beso ENORME


Ada...
 
 
"SI HOY DIOS ME CONCEDIERA UN MILAGRO DE CINCO MINUTOS LE PEDIRIA PODER ABRAZAR A MI HERMANO" Vane

martes, 16 de noviembre de 2010

Yo vengativo té alerto tengo el deber

Porque te estoy amando y fue sin querer.



Yo amenazante te indico cuidado en mi amor.

Porque me muero de miedo ante ti

Y sé que siempre guardo agazapada una estocada.

Y se de ti lo aguantaría todo casi todo.



Si solo vienes a pedir

Apoyarte en mi pa’ cambiar

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.



Si solo te importa seguir

Y yo soy un puente no’mas

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.



Si solo quisieras probar

Tu encanto de niña feliz

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.



Si solo vienes a pedir

Apoyarte en mi pa’ cambiar

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.



Si solo te importa seguir

Y yo soy un puente no’mas

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.



Si solo quisieras probar

Tu encanto de niña feliz

Si solo tomarás el cuerpo

No juegues con mi soledad.
 
 
 
Grupo Buena Fe

lunes, 15 de noviembre de 2010

El Poder de la Oración - ¿Cuán poderosa es?



El poder de la oración no debe ser subestimado. Santiago 5:16-18 declara, “...La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió en la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia, y la tierra produjo su fruto.” Dios definitivamente escucha las oraciones, responde a las oraciones y se mueve en respuesta a las oraciones.






Jesús enseñó, “...porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá y se pasará; y nada os será imposible.” (Mateo 17:20). 2 Corintios 10:45 nos dice, “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” La Biblia nos urge “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Efesios 6:18)






El Poder de la Oración - ¿Cómo me aprovecho de él?


El poder de la oración no es el resultado de la persona orando. Por el contrario, el poder reside en el Dios a quién oramos. Juan 5:14-15 dice, “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” No importa quién esté orando, la pasión en la oración, o el propósito de la oración – Dios responde a las peticiones que están de acuerdo con su voluntad. Su repuesta no siempre es sí, pero siempre es en nuestro mejor interés. Cuando nuestros deseos se alinean con Su voluntad, lo entenderemos en su momento. Cuando oramos apasionadamente y con propósito, de acuerdo con la voluntad de Dios, ¡Dios responde poderosamente!






No podemos llegar a la oración poderosa usando “fórmulas mágicas.” La respuesta a nuestras oraciones no depende de la elocuencia de nuestras oraciones. No tenemos que usar ciertas palabras o frases para lograr que Dios conteste nuestras oraciones. De hecho, Jesús rechaza a aquellos que oran usando repeticiones, “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; pues vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” (Mateo 6:7-8). La oración es una comunicación con Dios. Todo lo que tienes que hacer es pedirle a Dios Su ayuda. El Salmo 107:28-30 nos recuerda, “Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Calma la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, por que se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban.” ¡Hay poder en la oración!






El Poder de la Oración - ¿Por cuáles cosas debo orar?


La ayuda de Dios a través del poder de la oración está disponible para toda clase de pedidos y asuntos. Filipenses 4:6-7 nos dice, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Si necesitas un ejemplo de cómo orar, lee Mateo 6:9-13. Estos versos se conocen como el Padre Nuestro. El Padre Nuestro no es una oración para memorizarla y simplemente recitársela a Dios. Es solamente un ejemplo de cómo orar y las cosas que deben decirse en una oración – adoración, confianza en Dios, peticiones, confesión, protección, etc. Ora por estas cosas, pero háblale a Dios usando tus propias palabras.






La Palabra de Dios está llena de relatos que describen el poder de la oración en varias situaciones. El poder de la oración ha vencido enemigos (Salmos 6:9-10), conquistado la muerte (2 Reyes 4:3-36), traído sanidad (Santiago 5:14-15), y derrotado demonios (Marcos 9:29). Dios, a través de la oración, abre ojos, cambia corazones, sana heridas, y concede sabiduría (Santiago 1:5). ¡El poder de la oración no debe ser subestimado ya que se sustenta de la gloria y fuerza del infinitamente poderoso Dios del universo! Daniel 4:35 proclama, “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano y le diga: ¿Qué haces?”

jueves, 11 de noviembre de 2010

El siguiente texto fue escrito por el inolvidable Charles Chaplin. Al final, algunas escenas de su película “Luces de la ciudad”, del año 1931.







Cuando me amé de verdad


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.






Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.






Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.






Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.






Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.






Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.






Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.






Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.






Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!






No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.






Charles Chaplin






De “La vida es sueño”, una obra de teatro escrita por Pedro Calderón de la Barca y estrenada en el año 1635:Acerca de los pensamientos, por OSHO.







… el vivir sólo es soñar;


y la experiencia me enseña


que el hombre que vive, sueña


lo que es, hasta despertar.


Sueña el rey que es rey, y vive


con este engaño mandando,


disponiendo y gobernando…


Sueña el rico en su riqueza,


que más cuidados le ofrece;


sueña el pobre que padece


su miseria y su pobreza…


y en este mundo, en conclusión,


todos sueñan lo que son,


aunque ninguno lo entiende…


¿Qué es la vida? Un frenesí.


¿Qué es la vida? Una ficción,


una sombra, una ilusión,


y el mayor bien es pequeño;


que toda la vida es sueño,


y los sueños, sueños son.


Parece ser que la realidad de todos los días no es ese escenario rígido al que debemos tratar de ajustarnos, sino que es nuestra propia creación, tal como si la estuviéramos soñando. Y hasta que despertemos, podemos tratar de hacer que nuestro “sueño” sea cada vez más feliz, por ejemplo valiéndonos de La Ley de Atracción, aplicando la técnica Ho’oponopono, practicando los principios de “Un curso de milagros”… o simplemente aceptándonos y queriéndonos cada día un poco más.






Axel Piskulic








En realidad, la mente no existe. La mente es sólo una apariencia. Y cuando profundizas en la mente, desaparece. Sólo existen los pensamientos moviéndose a tanta velocidad que te hacen pensar y sentir que allí hay algo que existe en todo momento. Un pensamiento llega, otro pensamiento llega, y otro y así sigue. La separación es tan pequeña que no puedes distinguir el espacio entre un pensamiento y otro. De este modo, los pensamientos se unen, se convierten en un continuo, y debido a esa continuidad crees que existe la mente. Existen pensamientos, pero no mente, de la misma forma que existen electrones, no materia. El pensamiento es el electrón de la mente. Es lo mismo que una multitud, ella existe en cierto sentido y no existe en otro, sólo existen individuos. Pero muchos individuos juntos dan la sensación de una cosa diferente, independiente: una multitud.






Los pensamientos son como las nubes, vienen y van, y tú eres el cielo. Cuando deja de haber mente inmediatamente te llega la percepción de que has dejado de estar inmerso en los pensamientos. Los pensamientos están ahí, pasando a través tuyo como las nubes cruzan el cielo. Los pensamientos pasan a través tuyo, y son capaces de hacerlo porque tú eres un inmenso vacío.






La mente es la ausencia de tu presencia. Cuando te sientas en silencio, cuando observas profundamente a la mente, la mente simplemente desaparece. Quedan los pensamientos, existen, pero no puedes encontrar a la mente. Pero cuando la mente ha desaparecido, puedes ver que los pensamientos no son tuyos. Desde luego que vendrán y a veces se quedarán un rato contigo, y luego desaparecerán. Tú puedes convertirte en su lugar de descanso, pero ellos no son creados por ti. Ni un solo pensamiento surge de tu ser, siempre proceden del exterior. No te pertenecen, son sin hogar, sin raíces, pero a veces descansan en ti, eso es todo.






Los pensamientos son como una nube descansando sobre una colina. Entonces se van por si mismos, no has de hacer nada. Si simplemente observas, sin juzgar, criticar o comentar, obtienes el control.






OSHO




Osho dice, en “El libro del niño”:


Si ves a tu padre y a tu madre profundamente enamorados, un gran amor, cuidándose mutuamente, con compasión mutua, con respeto mutuo, habrás visto cómo ocurre el amor. Surge la esperanza. Cae una semilla en tu corazón y empieza a crecer. Sabes que te va a suceder a ti también.


Si no lo has visto, ¿cómo vas a creer que te va a suceder a ti? Si no les sucedió a tus padres, ¿cómo te va a suceder a ti? En realidad, vas a hacer todo lo posible para evitar que te ocurra, de lo contrario te parecerá una traición hacia tus padres.


Un cuento de la tradición Sufí acerca de los condicionamientos:






Un viejo árabe conducía una caravana que atravesaba el desierto.






Una noche sólo se encontraron 19 de las estacas que se utilizaban para atar a los 20 camellos.






Consultaron al anciano, quien dijo: “Simulen que también clavan la estaca del camello número 20 y creerá que está atado”.






A la mañana siguiente efectivamente todos los camellos estaban en su sitio. Los desataron y lentamente se pusieron en marcha. Todos excepto el número 20, que se negaba a avanzar.






Entonces el anciano, sonriendo, ordenó: “Simulen que desatan también la cuerda de ese camello”.






Y recién entonces pudieron continuar la travesía.


Muchas veces actuamos mecánicamente, como el camello o como los muñecos de la ilustración, ajustándonos a condicionamientos que nos limitan. Sin embargo, tenemos frente a nosotros infinitas posibilidades. Somos completamente libres de elegir nuestro destino…





viernes, 5 de noviembre de 2010

Corazón de Cebolla


Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales.Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado…El caso es que los colores eran deslumbrantes, centellantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo. Lo más sorprendente de todo era que en el corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón) había una piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella una esmeralda ¡Una verdadera maravilla!
Un día, por una incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular como eran por dentro. Hasta empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.


Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:


¿Por qué no eres como eres por dentro?


Y ellas le iban respondiendo:


Me obligaron a ser así… Me fueron poniendo capas… Incluso yo me puse algunas para que no me dijeran nada…
Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras. Al final, el sabio se echó a llorar y cuando la gente lo vio llorando pensó que llorar ante las personas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón.

¿Cuántos hemos permitido que nuestro corazón este escondido? ¿Y tú tienes corazón de cebolla?

jueves, 4 de noviembre de 2010

Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada.







Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado -digamos francamente, copiado- de modelos célebres. Si alguna novedad aportarnos es siempre inevitable: los anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel carbónico, idénticas al original salvo que otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea.






Somos muchos y vivimos en la calle Humboldt.






Hacemos cosas, pero contarlo es difícil porque falta lo más importante, la ansiedad y la expectativa de estar haciendo las cosas, las sorpresas tanto más importantes que los resultados, los fracasos en que toda la familia cae al suelo como un castillo de naipes y durante días enteros no se oyen más que deploraciones y carcajadas. Contar lo que hacemos es apenas una manera de rellenar los huecos inevitables, porque a veces estamos pobres o presos o enfermos, a veces se muere alguno o (me duele mencionarlo) alguno traiciona, renuncia, o entra en la Dirección Impositiva. Pero no hay que deducir de esto que nos va mal o que somos melancólicos. Vivimos en el barrio de Pacífico, y hacemos cosas cada vez que podemos. Somos muchos que tienen ideas y ganas de llevarlas a la práctica. Por ejemplo, el patíbulo, hasta hoy nadie se ha puesto de acuerdo sobre el origen de la idea, mi hermana la quinta afirma que fue de uno de mis primos carnales, que son muy filósofos, pero mi tío el mayor sostiene que se le ocurrió a él después de leer una novela de capa y espada. En el fondo nos importa poco, lo único que vale es hacer cosas, y por eso las cuento casi sin ganas, nada más que para no sentir tan de cerca la lluvia de esta tarde vacía.






La casa tiene jardín delantero, cosa rara en la calle Humboldt. No es más grande que un patio, pero está tres escalones más alto que la vereda, lo que le da un vistoso aspecto de plataforma, emplazamiento ideal para un patíbulo. Como la verja es de mampostería y de fierro, se puede trabajar sin que los transeúntes estén por así decirlo metidos en casa; pueden apostarse en la verja y quedarse horas, pero eso no nos molesta. «Empezaremos con la luna llena», mandó mi padre. De día íbamos a buscar maderas y fierros a los corralones de la avenida Juan B. Justo, pero mis hermanas se quedaban en la sala practicando el aullido de los lobos, después que mi tía la menor sostuvo que los patíbulos atraen a los lobos y los incitan a aullar a la luna. Por cuenta de mis primos corría la provisión de clavos y herramientas; mi tío el mayor dibujaba los planos, discutía con mi madre y mi tío segundo la variedad y calidad de los instrumentos de suplicio. Recuerdo el final de la discusión: se decidieron adustamente por una plataforma bastante alta, sobre la cual se alzarían una horca y una rueda, con un espacio libre destinado a dar tormento o decapitar según los casos. A mi tío el mayor le parecía mucho más pobre y mezquino que su idea original, pero las dimensiones del jardín delantero y el costo de los materiales restringen siempre las ambiciones de la familia.






Empezamos la construcción un domingo por la tarde, después de los ravioles. Aunque nunca nos ha preocupado lo que puedan pensar los vecinos, era evidente que los pocos mirones suponían que íbamos a levantar una o dos piezas para agrandar la casa. El primero en sorprenderse fue don Cresta, el viejito de enfrente, y vino a preguntar para qué instalábamos semejante plataforma. Mis hermanas se reunieron en un rincón del jardín y soltaron algunos aullidos de lobo. Se amontonó bastante gente, pero nosotros seguimos trabajando hasta la noche y dejamos terminada la plataforma y las dos escalerillas (para el sacerdote y el condenado, que no deben subir juntos).






El lunes una parte de la familia se fue a sus respectivos empleos y ocupaciones, ya que de algo hay que morir, y los demás empezamos a levantar la horca mientras mi tío el mayor consultaba dibujos antiguos para la rueda. Su idea consistía en colocar la rueda lo más alto posible sobre una pértiga ligeramente irregular, por ejemplo un tronco de álamo bien desbastado. Para complacerlo, mi hermano el segundo y mis primos carnales se fueron con la camioneta a buscar un álamo; entretanto mi tío el mayor y mi madre encajaban los rayos de la rueda en el cubo, y yo preparaba un suncho de fierro. En esos momentos nos divertíamos enormemente porque se oía martillear en todas partes, mis hermanas aullaban en la sala, los vecinos se amontonaban en la verja cambiando impresiones, y entre el solferino y el malva del atardecer ascendía el perfil de la horca y se veía a mi tío el menor a caballo en el travesaño para fijar el gancho y preparar el nudo corredizo.






A esta altura de las cosas la gente de la calle no podía dejar de darse cuenta de lo que estábamos haciendo, y un coro de protestas y amenazas nos alentó agradablemente a rematar la jornada con la erección de la rueda. Algunos desaforados habían pretendido impedir que mi hermano el segundo y mis primos entraran en casa el magnífico tronco de álamo que traían en la camioneta. Un conato de cinchada fue ganado de punta a punta por la familia en pleno que, tirando disciplinadamente del tronco, lo metió en el jardín junto con una criatura de corta edad prendida de las raíces. Mi padre en persona devolvió la criatura a sus exasperados padres, pasándola cortésmente por la verja, y mientras la atención se concentraba en estas alternativas sentimentales, mi tío el mayor, ayudado por mis primos carnales, calzaba la rueda en un extremo del tronco y procedía a erigirla. La policía llegó en momentos en que la familia, reunida en la plataforma, comentaba favorablemente el buen aspecto del patíbulo. Sólo mi hermana la tercera permanecía cerca de la puerta, y le tocó dialogar con el subcomisarlo en persona; no le fue difícil convencerlo de que trabajábamos dentro de nuestra propiedad, en una obra que sólo el uso podía revestir de un carácter anticonstitucional, y que las murmuraciones del vecindario eran hijas del odio y fruto de la envidia. La caída de la noche nos salvó de otras pérdidas de tiempo.






A la luz de una lámpara de carburo cenamos en la plataforma, espiados por un centenar de vecinos rencorosos; jamás el lechón adobado nos pareció más exquisito, y más negro y dulce el nebiolo. Una brisa del norte balanceaba suavemente la cuerda de la horca; una o dos veces chirrió la rueda, como si ya los cuervos se hubieran posado para comer. Los mirones empezaron a irse, mascullando vagas amenazas; aferrados a la verja quedaron veinte o treinta que parecían esperar alguna cosa. Después del café apagamos la lámpara para dar paso a la luna que subía por los balaústres de la terraza, mis hermanas aullaron y mis primos y tíos recorrieron lentamente la plataforma, haciendo temblar los fundamentos con sus pasos. En el silencio que siguió, la luna vino a ponerse a la altura del nudo corredizo, y en la rueda pareció tenderse una nube de bordes plateados. Las mirábamos, tan felices que era un gusto, pero los vecinos murmuraban en la verja, como al borde de una decepción. Encendieron cigarrillos y se fueron yendo, unos en piyama y otros más despacio. Quedó la calle, una pitada de vigilante a lo lejos, y el colectivo 108 que pasaba cada tanto; nosotros ya nos habíamos ido a dormir y soñábamos con fiestas, elefantes y vestidos de seda.
JULIO CORTAZAR




INstrucciones para llorar....

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.







Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.






Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.






SILENCIO Y QUIETUD



Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo.


Tu sentido más interno de tí mismo, tu sentido de quién eres, es inseparable de la quietud. Ese es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma.


La quietud es tu naturaleza esencial. ¿Qué es la quietud? El espacio interno o conciencia en el que las palabras de esta página son percibidas y se convierten en pensamientos. Sin esa conciencia, no habría percepción, ni pensamientos, ni mundo.


Tú eres esa conciencia, disfrazada de persona.


El equivalente del ruido externo es el ruido interno. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.


Cuando quieras que haya silencio a tu alrededor, escúchalo. Esto significa que, simplemente, has de darte cuenta de él. Préstale atención. Escuchar el silencio despierta la dimensión de quietud dentro de tí, porque sólo la quietud te permite ser consciente del silencio.


Observa que en el momento de darte cuenta del silencio que te rodea, no estás pensando. Eres consciente, pero no piensas.


 
El equivalente del ruido externo es el ruido interno.
El equivalente del silencio externo es la quietud interna.


Cuando quieras que haya silencio a tu alrededor, escúchalo. Esto significa que, simplemente, has de darte cuenta de él. Préstale atención. Escuchar el silencio despierta la dimensión de quietud dentro de tí, porque sólo la quietud te permite ser consciente del silencio.


Observa que en el momento de darte cuenta del silencio que te rodea, no estás pensando. Eres consciente, pero no piensas.


Tú eres esa conciencia, disfrazada de persona.
 
Cuando quieras que haya silencio a tu alrededor, escúchalo. Esto significa que, simplemente, has de darte cuenta de él. Préstale atención. Escuchar el silencio despierta la dimensión de quietud dentro de tí, porque sólo la quietud te permite ser consciente del silencio.



Observa que en el momento de darte cuenta del silencio que te rodea, no estás pensando. Eres consciente, pero no piensas.


Cuando te das cuenta del silencio, se produce inmediatamente ese estado de serena alerta interna.



Estás presente. Has salido de miles de años de condicionamiento colectivo humano.


Mira un árbol, una flor, una planta. Deja que tu conciencia descanse en ellos. ¡Qué quietud manifiestan, qué profundamente enraizados están en el Ser! Permite que la naturaleza te enseñe la quietud.


Cuando miras un árbol y percibes su quietud, tú mismo te aquietas. Conectas con él a un nivel muy profundo. Te sientes unido a cualquier cosa que percibes en y a través de la quietud. Sentir tu unidad de ti mismo con todas las cosas es verdadero amor.



El silencio ayuda, pero no es necesario para hallar la quietud. Aunque haya ruido, puedes sintonizar con la quietud subyacente, el espacio en el que surge el ruido. Ese es el espacio interno de pura conciencia, la conciencia misma.


Puedes darte cuenta de que la conciencia es el trasfondo de todas tus percepciones sensoriales, de toda tu actividad mental. Siendo consciente de de la conciencia surge la quietud interna.



6


Cualquier ruido molesto puede ser tan útil como el silencio. ¿Cómo? Abandonando tu resistencia interna al ruido y permitiendo que sea como es; esa aceptación también te lleva al reino de paz interna que es quietud.


Cuando aceptas profundamente este momento tal como es —tome la forma que tome—, estás sereno, estás en paz.


Presta atención a la pausa: la pausa entre dos pensamientos, al breve y silencioso espacio entre las palabras de una conversación, entre las notas de un piano o de una flauta, o al breve descanso entre la inspiración y la espiración.


Cuando prestas atención a esas pausas, la conciencia de «algo» se convierte simplemente en conciencia. Surge de dentro de tí la dimensión informe de pura conciencia y reemplaza la identificación con la forma.


La verdadera inteligencia actúa silenciosamente. Es en la quietud donde encontramos la creatividad y la solución a los problemas.


¿Es la quietud tan sólo ausencia de ruido y contenido? No; es la inteligencia misma: la conciencia subyacente de la que nace toda forma. ¿Y cómo podría eso estar separado de quien tú eres?


De allí salió la forma que crees ser, y ello es lo que la sustenta.


Es la esencia de todas las galaxias y de las hojas de hierba; de todas las flores, árboles, pájaros, y de todas las demás formas.


La quietud es la única cosa de este mundo que no tiene forma. Pero en Pero en 7



realidad no es una cosa, y tampoco es de este mundo.


Cuando miras un árbol o un ser humano desde la quietud, ¿quién está mirando? Algo más profundo que la persona. La conciencia está mirando a su creación.


En la Biblia se dice que Dios creó el mundo y vio que era bueno. Eso es lo que ves cuando miras sin pensamiento, desde la quietud.


¿Necesitas más conocimiento? ¿Crees que más información, u ordenadores más rápidos, o más análisis científicos e intelectuales van a salvar al mundo? ¿No es sabiduría lo que más necesita la humanidad en estos momentos?


Pero ¿qué es la sabiduría? ¿Dónde se encuentra? La sabiduría viene cuando uno es capaz de aquietarse. Sólo mira, sólo escucha. No hace falta nada más. Aquietarse, mirar y escuchar activa la inteligencia no conceptual que anida dentro de tí. Deja que la quietud dirija tus palabras y tus acciones.


http://www.amarseaunomismo.com/serena-mente/los-libros-de-eckhart-tolle/el-silencio-habla_eckhart-tolle.pdf










" No necesariamente mi camino sea tu camino

y tu camino sea el mio.

No necesariamente te guste mi camino y a mi el tuyo.

No necesariamente caminemos juntos o caminemos separados...


... Sin embargo al andar mi camino

estoy respetando que recorras el tuyo."

- Jairo Fonseca -